Conferencista


Desde hace algunos años en que tomé consciencia sobre los nulos resultados que hemos tenido, tanto ejecutivos como consultores, para dirigir eficaz y productivamente personas, me he enfocado a ‘dar la voz de alarma’ en este aspecto y despertar inquietudes sobre la nula eficacia que tienen las maneras tradicionales para dirigir personas en ambientes organizacionales y que se enseñan en las instituciones educativas de alta administración.

Mi cruzada está dirigida a inquietar a mis auditorios sobre:

  • Lo incorrecto que es tomar a la persona como un recurso humano al que hay que administrar y controlar
  • Lo inadecuado de creer que podemos dirigir personas a través de machotes y ‘recetas de cocina’ que inútilmente tratan de encasillar a algo tan complejo como es la persona humana.
  • Lo equivocados que estamos al echarle la culpa a los trabajadores, al mercado, al gobierno, a las condiciones económicas, al dólar, al euro, a los inmigrantes y a quien sea, cuando en realidad la solución es inherente a nuestra forma de pensar.
  • El que se tome consciencia de que no es fácil trabajar con gente porque los humanos somos complicados, como para responder acorde a las leyes de la física newtoniana.

Cuando expongo estos conceptos ante ejecutivos, jefes y supervisores, invariablemente hay quien me dice: “Lechuga, ¡es que tú no sabes cómo es la gente!, le das la mano y te toman hasta el pie”. Y mi respuesta es, invariablemente: “Para empezar, si vamos a hablar de ‘la gente’, entonces, ¿qué somos nosotros? ¿ET, marcianos o venusinas?”.

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